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CAJITAS, PIEDRAS Y CAL

Cada vez que una palabra se le muere en los labios, cada lágrima que se escapaba inoportuna, docenas de besos al aire o los suspiros ahogados en la garganta.
Todos eran recogidos en cajitas de cerillas.
Le costaba encontrar el tamaño justo de las piedras y siempre iba con un botecito lleno de pintura blanca de cal en el bolsillo.
Todos recibían una pequeña sepultura en aquel claro en el monte.
Se alinean ya por cientos. Sabiendo que allí se escondía un tesoro, hormigas laboriosas limpiaban de hojas y ramitas aquel cementerio en la enramada.

1 comentarios:

reina dijo...

Vamos enterrando los recuerdos pero marcando la sepultura para no olvidarlos...
Bellísimo...!!!