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PEQUEÑO HOMENAJE AL SR. BURDICK

Se había hartado de llorar cortando la cebolla para el pisto. Ahora tocaba el pimiento, pero los ojos ya no le daban más y fue al baño a lavárselos. Allí quedó, sin que ella se diese cuenta, partido por la mitad, aquel pimiento mutante. Para cuando quiso volver a la cocina fue demasiado tarde. Aquello la había ocupado y empezaba a asomar por debajo de la puerta. Afortunadamente se había llevado el cuchillo cebollero al baño y de un par de tajos impidió su avance. Después selló con silicona el borde de la puerta. Buscó en el trastero el cámping gas y pensó que debería llamar a su marido para que trajese cebollas y pimientos de otra verdulería.