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ADIÓS, SOLEDAD



Años, mejor dicho, siglos vagando en soledad por las ruinas del castillos de aquella isla que nadie visitó nunca.
Hasta que una mañana clara y fría de otoño lo vi acercarse a la orilla. Me subí a mi bote y remé hasta él. Nada más pisar la borda fui acogido y aceptado como uno más y desde entonces pertenezco por méritos propios a la tripulación de aquel barco fantasma.

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